BUENOS AIRES.- La presidenta, Cristina Fernández, sumó misterio ayer respecto su eventual candidatura en busca de la reelección y negó que el Gobierno nacional analice una reforma de la Constitución nacional para habilitar su segunda reelección en 2015, tal como trascendió desde el ultrakirchnerismo.
En su discurso ante la Asamblea Legislativa, la Jefa de Estado se refirió a las especulaciones sobre su postulación para las elecciones generales del 23 de octubre y advirtió: "¿alguno me escuchó decir a mí que voy a ir por la reelección en 2011?". Pero a la salida del Congreso, el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, afirmó a la prensa que la reelección de ella es inevitable.
"Lo que están tratando de hacer es lo que siempre hicieron: campañas difamatorias, usando una palabra de algún compañero o compañero que siempre me quiso mucho o de algunos que ahora me quieren más que antes", aseveró. Se refirió a la diputada Diana Conti, que el lunes dijo que se analiza una posible reforma constitucional para que se permita la reelección indefinida de la mandataria, aunque ayer la parlamentaria, tras el discurso de Cristina, salió a desdecirse. "En modo alguno yo he expresado que estoy trabajando un proyecto para reformar la constitución. Se han descontextualizado mis declaraciones aviesamente", dijo, en un comunicado.
El lunes, Conti había dicho: "los sectores ultra K a los que pertenezco avizoramos el deseo de una reforma constitucional porque quisiéramos una Cristina eterna. Incluso algunas cuestiones de la Constitución pueden ser reformadas".
Con respecto a la reforma constitucional, Cristina dijo ayer en el Congreso: "si no logré una minoría simple para una norma que han tenido todos los presidentes como es el Presupuesto, ¿a quién se le ocurre lo de la reforma constitucional?". En el acto, desde los palcos, se escucharon cánticos, tales como para Cristina la reelección.
Manejo los tonos
La Presidenta pronunció un discurso con distintos tonos: por tramos moderados, pero sin perder el cariz de confrontación, donde no faltaron toques de ironía, pases de facturas para aliados, opositores y sectores productivos; como tampoco momentos emotivos (recordó episodios de la gestión de su marido, el fallecido ex presidente Néstor Kirchner), y lleno de estadísticas.
Cristina pidió al Congreso la sanción de la ley penal tributaria y de la norma que castiga el lavado de dinero exigida por el GAFI. Efectuó pedidos a los sindicatos por protestas menos extremas (mientras en las gradas la escuchaban atentos los jefes cegetistas Hugo Moyano y Julio Piumato) y anuncios como el pase a la órbita del ministerio del Interior la confección de pasaportes y cédulas de identidad.
"Yo quiero seguir siendo compañera de los sindicatos y no cómplice de maniobras que perjudican a otros trabajadores", dijo, y apuntó, aunque sin nombrarlo, al líder de Uatre y las 62 Organizaciones Peronistas, el duhaldista Gerónimo Venegas. "Hay dirigentes sindicales que parecen no haber controlado demasiado situaciones de servidumbre (laboral)", aseveró, y aprovechó para reclamar al Congreso el tratamiento de una nueva ley del peón rural: "tenemos que terminar con esta verdadera vergüenza que es el trabajo esclavo". Al campo lo calificó de uno de los sectores más dinámicos de la economía, pero dijo que sólo participó en la recaudación en un 2,8%, un grado similar al de la educación privada. "O cobran muy caras las cuotas de los colegios privados o hay evasión en nuestro sector primario de la economía, que debe ser abordada".
Embistió contra quienes presagiaban el advenimiento de una vetocracia, con el recambio legislativo de 2009 y remarcó que el récord de récords en ese tipo de resoluciones lo bate el Gobierno porteño, que conduce Mauricio Macri, con un 9,28%. También dijo que el nivel de delito bajó de un 9,2% a un 5,8% entre 2002 y 2008, aunque remarcó que eso no quita que se deba seguir trabajando para reducirlo aún más. Al respecto, también anunció una reestructuración de la Policía Federal. (DyN)